“Cuando eres niño, nadie te explica que la experiencia humana se vive en soledad. Nunca estaremos completamente solos, aunque sí llegamos a sentir como si así fuera. Prosperamos en la presencia de otros, a cambio, su ausencia nos puede crear un sentimiento de incomodidad.

El ser humano tiene una necesidad de socialización innata que permite la interacción y el desarrollo del individuo. Las relaciones que llevamos con los demás son espadas de doble filo porque son necesarias, nos llenan, nos enriquecen pero también pueden llegar a generar un sentimiento de ausencia. Estás pero no estás.

Una ausencia es la falta de alguien, es propio del humano porque reconoce la carencia, es una separación interna o externa de las circunstancias dadas, es el sentimiento extraño de disconfort donde deberías de estar cómodo.

La vida va formando a cada persona a través de relaciones que suman o quitan, forma individuos de modo único, proporciona situaciones, lugares y gente que le acompaña o le guían. La suma de estas experiencias construye nuestra identidad. Es importante notar que ninguna experiencia humana es como otra, todos caminan en su soledad.

Los momentos son únicos y efímeros pues la vida es dinámica y la experiencia humana es subjetiva. Somos cuerpo y mente, atados al ahora y aferrados del pasado, como debería de ser pues sin memoria de todo lo que hemos vivido, ¿qué seríamos? AUSENCIAS deja claro que la experiencia humana se funda en la soledad del uno y se conforma de memorias de la colectividad. Somos materia que afecta e influye, somos cuerpos afectados e influidos tanto en nuestro espacio como en el de los demás, todos juntos pero cada quien en su universo. Somos presencias y también somos ausencias.”

María Emilia Zebadúa